Andorra

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo».

Por suerte, ni estoy frente a un pelotón de fusilamiento, ni mi padre me llevo alguna vez a conocer el hielo, ni vivo en Macondo: el párrafo anterior no me pertenece; es el inicio de la novela 100 años de soledad, de Garcia Marquez, que alguna vez incie, pero nunca termine..

Mas el hielo estaba tras la puerta blanca de la heladera,en el refrigerador,  y la sensación extraña de mantenerlo entre mis dedos mientras estos iban insensibilizando y cubriéndose con el liquido resultante, fue durante mucho tiempo , sin quererlo, el atisbo de un deseo , que como todo deseo, a veces se cumplen, y a veces no..

Y mientras el hielo de la cubetera , traslucido, duro, compacto, chocaban y hasta rechazaban mis caricias, el hielo restante, ese que semeja nieve, por su color, por su maleabilidad, por su sabor…ese me invitaba a hundir mis dedos en el , a viajar por la imaginación..y preguntarme…como seria la nieve…como seria un campo nevado…como seria..esquiar..!!

…relatar el derrotero que me llevo hasta aquí…seria tan solo gastar en palabras que no vienen al caso.

Puedo decir..que ese hielo de congelador se convirtió en un vector inconsciente, y estoy ..aqui..en una estación de esquí, en el medio del continente madre, entre España y Francia, con unas amigas, exigiéndoles a mis piernas que me lleven mas y mas lejos sobre los esquíes..

..mientras espero que me llamen por algún trabajo temporal..yo esquio. Paso’ la Navidad, yo esquio. Paso’ el Año Nuevo, y yo esquio..Poco a poco voy haciendo mia todas las distintas pistas, con sus distintas dificultades, y ya me han contado de lo que es esquiar fuera de ellas, entre arboles, rocas, y el riesgo que ello conlleva.

Soy, creo, feliz..y lo comparto con todos vosotros..y vuelvo a recordar ese hielo del refrigerador, aquí, entre tanta nieve..

Encamps, invierno boreal del 2020.

 

 

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